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viernes, 8 de mayo de 2015

La Palabra .... árticulo de Higinio Mirón

Higinio Mirón
Quien cumple “la palabra”, es admirado, valorado, merece crédito y respeto y sobre todo, ofrece confianza. Quien no, se perjudica así mismo, su personalidad y credibilidad queda en entredicho y nunca ofrece garantía ante sus actos y mucho menos, ante sus palabras.
- BejarInformacion - Higinio Mirón -


“La palabra” es, según nuestra opinión, el medio oral que el ser humano emplea para establecer una comunicación con los demás. Muchas y distintas son las formas que llevan a hacer uso de “la palabra”. La conversación para adquirir compromisos, para hacer comprender y defender una postura, son motivos, por ejemplo, que han de usarse para desarrollar “la palabra”.

Es sin duda, un sin fin de cosas más que lleva implícito, a través del habla, el uso de “la palabra”. No  cabe duda que la humanidad sin “la palabra” sería difícil, por no decir incapaz, de entenderse, independiente de las distintas lenguas o usos, pero al fin y al cabo “palabra”, excepción hecha, naturalmente, de la de signos por señas para sordomudos.

En los momentos actuales se oye y se comenta, con bastante frecuencia, que se “ha faltado a la palabra”, lo que equivale a decir que no se ha cumplido lo dicho, que se ha incumplido “la palabra”, o sea, que el compromiso adquirido, no se ha realizado. La palabra en la que se tenían puestas ciertas esperanzas, ha quedado incumplida, anulada, ha quedado como suele decirse, en “agua de borrajas”. No queda muy bien quien hoy ha dado una “palabra” y mañana, o tal vez a la tarde, se olvida de lo dicho y cambia “la palabra”. Ha desobedecido a su propia palabra y por tanto anulado su compromiso verbal. Quien así actúa pierde, a nuestro entender, personalidad, seriedad, formalidad, incluso se pone en entredicho a cuanto se haya comprometido, ante la duda de que pueda quedar incumplido.

En ocasiones, bastantes ocasiones, existe mucha diferencia entre lo que se dice y lo que posteriormente se cumple, por lo que no conviene confiar mucho en algunas palabras, sobre todo, si en alguna ocasión anterior, ya no se ha cumplido. En este caso vale aplicar el dicho popular en que “de lo dicho al hecho, hay mucho trecho”. Siempre hemos entendido que por encima de cualquier escrito de compromiso, debe prevalecer “la palabra”. En otros tiempos el uso de la palabra era más valioso incluso que, un documento firmado, más que un acta notarial, o que un dictamen judicial, pero desgraciadamente hoy, esta validez se ha perdido, precisamente porque se falta bastante a “la palabra”.

Cuando se da una “palabra”, creemos que debe ser sincera, real, sin vacilaciones, o sea, cumplirse. Antes de dar una palabra, puede que convenga hacer una reflexión profunda sobre lo que la misma lleva consigo, en evitación de que después no se cumpla y pueda tener consecuencias imprevisibles, pues en los momentos actuales nos vemos inmersos en noticias sorprendentes en que “la palabra” se ha incumplido, quedando ésta desacreditada, y muy lejos, por tanto, de fiarse de quien la profirió.

Más grave aún es la palabra que se ha formalizado bajo “juramento o promesa”. Así tenemos cargos públicos, que en función del mismo y por la responsabilidad que entraña su cometido, ha de hacerse  mediante la fórmula antes dicha. En este caso un buen número de estos cargos de relevante responsabilidad que, habiéndose comprometido bajo dichas palabras, violando y menospreciando su juramento o promesa, hoy los/as vemos juzgados por Tribunales del más alto rango, porque “su palabra”, su juramento o promesa ha sido vulnerada, desprestigiada, no se ha cumplido. ¡Triste y vergonzosa realidad, pero cierta!.
Entendemos que “la palabra” en sí, debe estar por encima del bien y del mal y debe ser cumplida a rajatabla, asumiendo las consecuencias que ella pueda traer consigo en  el supuesto de que no fuera cumplida. Por ello, ya hemos dicho que, antes de comprometerse con una palabra, sería buena la reflexión, en evitación de los lamentables resultados que ya vamos viendo, precisamente por  el quebrantamiento que ha supuesto el incumplimiento de “la palabra”.

Alguien ha dicho recientemente sobre los personajes de relevante responsabilidad que “si la “palabra” dada no vale como garantía, la política deja de ser tal y pasa a ser juego de tramposos crónicos e incorregibles”.  Bastante razón tiene quien ello dijo y si no, a las pruebas me remito, ya que la pérdida de credibilidad de las instituciones es palpable, precisamente porque algunos responsables, no cumplieron o no cumplen “la palabra” prometida o jurada.

Sin embargo y en contraposición a lo antes expuesto, hay un dicho popular que define también a la persona cuando se emplea el término de “ha cumplido la palabra”. Esta afirmación de seguridad, de formalidad de responsabilidad y firmeza, honra a la persona y como tal, prestigia “la palabra” dada, y aún más a quien la dio y cumplió.

Ya lo dijo también alguien más experta y con mayores dotes que el que esto escribe: “Mantener “la palabra” es uno de los calificativos más importantes. Ser capaz de transmitir esa sensación de seguridad y de compromiso con la vida es una carta de presentación… y será la dignidad que nos permita llevar la espalda recta y la frente erguida”.

¡Que la “dignidad” y el cumplimiento de “la palabra” nos  haga llevar siempre la espalda recta y la frente erguida!

Higinio Mirón

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