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lunes, 30 de marzo de 2015

Colándonos en el paraíso… por la puerta principal

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Parafraseando el título de aquella inolvidable pieza teatral de Luis Rodríguez y sin perder de vista los conflictos de 1738 sobre el acceso público a El Bosque (siendo regidor el juicioso Joaquín Morante de la Madrid), desde la Plataforma se emplaza a las administraciones propietarias de este BIC para que en un plazo razonable se permita la entrada por su acceso de Poniente –el verdadero– abriendo para ello la Puerta de la Justa, rehaciendo el patio de acceso a la misma eliminando el granito e incluyendo vegetación, adecentando el camino empedrado y renovando el indecoroso vallado que lo flanquea, sin olvidar el mantenimiento y mejora de su arbolado.
- BejarInformacion - PDBB -

La alameda de El Bosque se documenta en los primeros años de la etapa ducal de Francisco II, en una provisión de 1567-1568 sobre la conservación del arbolado en la que se imponen duras penas a quienes osaran talar o terciar los álamos recién plantados. Ese mismo régimen punitivo fue trasladado diez años después a las Ordenanzas locales de buen gobierno, sancionadas por el duque en octubre de 1577. En ellas se detallan las excesivas penas que en dinero, días de cárcel o castigos corporales se imponían a los bejaranos que tales perjuicios causaran, notoriamente las más duras de todo el código:
Otro si que cualquier que cortare alguno de los alamos o otro cualquier arbol de los que estan puestos en el camino de los Martires hasta El Bosque de su señoria (…) pague de pena los mil maravedis o quien los terciare o acuchillare o cortare cualquier rama (…) y seis dias de carcel con prisiones y si fuere persona que no tuviere de que pagar los dichos mil maravedis sea traido a vergüenza e desnudo medio cuerpo con soga a la garganta y destierro de dos meses precisos”.

En otro epígrafe de las mismas Ordenanzas se alude a las horcas y horcones que todavía entutoraban los álamos objeto de tan extrema protección, prueba del interés y celo del duque por contar con un acceso arbolado digno de su villa de recreo.

En realidad, la alameda constaba de dos tramos, uno interior (que es el que ahora nos ocupa) y otro exterior, también conocido como “camino de El Bosque” y “camino de los Mártires” (por la ermita de esa advocación, situada junto al Puente de la Corredera, hoy Puente Viejo, comienzo del tramo arbolado). Este tramo exterior seguía un trazado más irregular que el primero –por adaptarse al terreno– y discurría entre el mencionado puente y la Puerta de la Justa, coincidente con la calle de Ramiro Arroyo actual, lo que supone una longitud de 800 metros de camino empedrado, flanqueado por hileras de árboles de sombra cuyos ejemplares se espaciaban cada diez pasos, aproximadamente. Así consta en las Respuestas al Catastro del Marqués de la Ensenada (Respuestas Particulares de 1757), cuando su trayecto se fijaba en unos “mil pasos de largo” y todavía conservaba “ciento sesenta y dos Alamos negros, dos blancos, dos nogales, cinco fresnos, nuebe chopos y un castaño, no produce utilidad alguna porque el suelo esta empedrado y los arboles solo sirven para adorno y resguardo del sol”. Según el erudito local Emilio Muñoz García, algunos de aquellos viejos álamos alcanzaron el siglo XX.

Todavía se puede suponer un tercer tramo de la alameda –tal vez proyectado, pero nunca plantado– entre el puente y la Puerta de la Corredera (Puerta de la Villa o de Ávila), a juzgar por la simulación efímera que se dispuso en los fastos para celebrar la venida de la duquesa María Alberta de Castro en 1679, pues según el relator Tomás de Lemos, “A la salida del Bosque tenian hecho los jardineros un arco matizado de flores, y desde el se proseguia la calle de arboles que llegaba hasta la Puente (…). Desde la Puente hasta la Puerta de la Villa por ambos lados estaba fingida otra alameda como la verdadera que va desde la Puente al Bosque”, tratamiento arbolado perfectamente coherente con el itinerario ducal entre la villa suburbana y el palacio urbano.

En cuanto al tramo interior, se dispone como un potente elemento viario de casi 400 m entre la Puerta de la Justa y el sistema aterrazado, marcando a cordel no sólo la ordenación axial del conjunto, sino orientado con absoluta precisión –en sentido inverso– hacia la fachada oriental del palacio ducal de Béjar, una estudiada composición que delata el valor representativo y simbólico de la villa suburbana frente al ámbito urbano de la ciudad fortificada y el palacio, en estrecha sintonía con la teoría de Alberti, para quien el camino hasta la casa ”debe elevarse (…) en suave pendiente, de modo que engañe a los que transitan por él, hasta el punto de que no se percaten de que han efectuado una subida más que al contemplar el campo desde lo alto del lugar” y con vistas sobre la ciudad y sus murallas.

Conviene recordar el valor de esta alameda en relación con sus congéneres en Toscana y otras regiones de la Península Itálica, como el temprano ejemplo de viottola en la Villa Lo Specchio de Quaracchi (ca. 1453) o el viottolone de Villa dell’ Olmo en Castello (desde 1538), propiedad de Cosimo de Medici y Leonor de Toledo –pariente de los Zúñiga¬–, entre otros mucho ejemplos. 

Recuperar la alameda requiere mantener y mejorar su arbolado (hoy constituido principalmente por chopos), regenerar el histórico empedrado y sustituir la alambrada roñosa por un vallado cinegético acorde con las características ambientales del lugar. Desde la Plataforma para la Defensa de El Bosque se insiste en que el verdadero acceso a esta villa de recreo no es otro que el que el de su alameda axial, a diferencia del actual acceso Norte o de servicio: los dueños de El Bosque (la ciudadanía, todos nosotros), tenemos derecho a colarnos en el paraíso por la puerta principal.


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